En una villa cerca de un bonito lago, vivía un hombre llamado Marco. Este hombre celebraba todas las Navidades junto a su familia que estaba compuesta por su hijo, su nuera y sus cinco nietos. Ellos, al llegar cada Navidad, rodeaban a su abuelo cerca de la lumbre de esa habitación y se pasaban horas y horas escuchando las historias que su abuelo les contaba. Todas esas narraciones estaban recogidas en un antiguo libro que él custodiaba. Sus nietos siempre llegaban a casa con mucha alegría esperando saber cuál será la siguiente historia que les contaría.
Años después, Marco les comunicó a sus nietos lo siguiente:
- Chicos, desafortunadamente ya no tengo más historias para contaros. Se han terminado todas las del libro.
Los chicos al oír esa noticia se quedaron desilusionados porque ya era una tradición oír esas historias por Navidad cada año. El abuelo, al verles tan tristes pensó que lo único que se le ocurría era contarles una historia verídica.
- ¿Qué es verídica, abuelo?- preguntaron todos al unísono.
- Verídica quiere decir que es cierta, que le ha ocurrido a alguien. Y en este caso, le ocurrió a un gran amigo mío.
Los nietos se marcharon más convencidos, estaban seguros que para el próximo año les encantaría la historia que les había prometido el abuelo y deseaban que llegasen las próximas navidades.
Cuando llegó el día tan esperado por los pequeños, Marco cumplió con lo prometido y comenzó a contar esa verídica historia:
<<Hacía ya unos años, bastantes años, me contaba mi amigo Hugo, pastor de oficio, que no había año que no llevase al Ayuntamiento de la localidad algún que otro cordero para que lo repartieran entre los más necesitados. En lugar de quedarse con el animal para agrandar el rebaño, prefería darlo porque él sabía bien lo duras que eran esas noches especiales sin poder comer.
Pero un año, al llegar las Navidades, Hugo no pasó por el Ayuntamiento, por lo que todos los vecinos comenzaron a temerse lo peor. Marcharon hasta la granja donde vivía y comprobaron el gran destrozo que había en ese lugar. Comenzaron a buscar a Hugo desesperadamente entre las distintas dependencias, pero no lo encontraron.
Horas más tarde, lo vieron atado a un árbol casi inconsciente cerca de su granja y lo trasladaron rápidamente al hospital.
A pesar de la gran paliza que le propinaron, mi amigo se recuperó muy bien y pudo volver con su rebaño. Entonces les contó todo lo que le había ocurrido: unos jóvenes le querían robar, pero él se defendió como pudo. No obstante, ellos eran mayoría por lo que no pudo hacer mucho por evitar esa situación.
Pero ahora, los vecinos a los que él tanto les había ayudado, le habían salvado la vida. Hugo comprendió que ayudar a las personas, le salvó también a él.>>
Los más pequeños se habían quedado dormidos, pero los mayores que les acompañaban, no dejaron de prestar atención ni un solo momento y, comprendieron la importancia de ayudar a los demás.
REFLEXIÓN:
COMPARTIR, REÍR Y AMAR. De eso de trata la Navidad.
FIN