Esta historia trata de un Papá Noel que traía algo más que unos simples regalos. Comienza así…
Se acercaba la Navidad en un pequeño pueblo de Zaragoza y los jóvenes comenzaban a escribir cartas con interminables listas de juguetes, exceptuando uno de ellos. Nuestro joven protagonista se llamaba Juan, quien por diferentes circunstancias había perdido a su padre en un accidente de trabajo hace algo menos de un año.
La madre del chico, Marisa, le preguntó que qué quería para Navidad. El joven se pasó días y noches enteras pensando qué podría pedir, pero no encontraba nada que deseara tanto como volver a hablar con su padre. Tras esa larga reflexión le dijo a su madre:
-Mamá, lo he estado pensando mucho y no se me ocurre mejor regalo que poder volver a hablar con papá, lo echo mucho de menos.
-Cariño mío, tú bien sabes que eso no puede ser - contestó Marisa.
El joven se marchó enfadado y la madre se encontraba muy confundida porque no sabía qué hacer para que su hijo se sintiese más arropado esas fechas tan señaladas.
Cuando llegó el día de Nochebuena, Papá Noel con su magia, encontró en el jardín de la casa de Juan, una carta escondida cerca de un árbol que decía lo siguiente:
“Querido Papa Noel, no quiero ningún juguete. Solo quiero poder hablar con mi padre, aunque solo sea durante unos minutos”
Al leer esto, Papá Noel no pudo evitar emocionarse. Estaba convencido de que, aunque fuese todavía un chico muy joven, pudo entender y valorar que hay cosas más importantes que unos simples juguetes o algo material. Así que intentó con todas sus fuerzas poder complacerlo.
Llegó la noche y Juan se tumbó en la cama para dormir plácidamente, pero en sus sueños vio la presencia de su padre que le decía:
-Hola hijo mío, estoy aquí para poder concederte el regalo que tú has pedido.
El joven, emocionado por volver a oír la voz de su padre, no desaprovechó la oportunidad y comenzó a realizarle numerosas preguntas. Al acabar la conversación, el padre le agradeció enormemente que hubiera elegido ese regalo por Navidad en lugar de pedir un juguete, pues eso demostraba lo mucho que estaba madurando y cuánto le quería.
-También quiero que le digas a tu madre que me encuentro muy bien y que deje de llorar por las noches porque desde donde estoy puedo verla y eso me entristece mucho.
Juan se despertó muy ilusionado y le comunicó a su madre el mensaje que su padre había querido trasladarle. No había sido la mejor Navidad, ni mucho menos la más fácil, pero había tenido el mejor regalo que podía tener: unos minutos al lado de uno de sus seres queridos.
REFLEXIÓN:
“Esta Navidad todos debemos brindar por los que serán para siempre, aunque no estén con nosotros físicamente”
FIN